Los peligrosos corderos crédulos del COVID

Los peligrosos corderos crédulos del COVID

Cuando una persona es presa del pánico, puede resultar muy peligrosa. Todos sabemos que, cuando queremos rescatar a alguien que se está ahogando, lo primero que tenemos que debemos tener en cuenta es que puede estar cegado por un miedo irracional y que, cuando lleguemos a su lado, intente hundirnos y muramos ahogados los dos.

Cuando no hablamos de una sola persona, sino de un colectivo, este peligro se multiplica por el número de individuos que lo componen. El mejor ejemplo es el de la estampida de un gran rebaño, arrollando y aplastando a todos los que se detienen, tropiezan o se rezagan, a todo lo se interpone en su camino, generando muchas más víctimas que la peor de las causas que la pudo desencadenar. Además, cegados por el pánico, huyen dando la espalda a la causa de su miedo y son incapaces de reconocer si se trataba de manada de lobos o de ese perrito faldero llamado COVID.

Este potencial peligro lo conocen muy bien, tanto los pastores, como los Poderes del Estado. Por eso siempre nos han dicho con tanta insistencia eso de que “hay que evitar el pánico entre la población” y, también por eso, provocar “Alarma Social” se considera un agravante de cualquier delito. Sin embargo, a través de esos medios de comunicación que tanto empeño se han esforzado en controlar y censurar, nuestros políticos no están escatimando recursos para avivar el miedo a la “Epidemia COVID” y cegar de pánico a la mayor cantidad de gente posible.

Siempre damos por sentado que pastores y Poderes siempre buscan lo mejor para sus rebaños. Los crédulos en este principio, tanto ciudadanos obedientes como corderos sumisos, siempre son mayoría y se consideran a sí mismos mejores y más dignos que los incrédulos rebeldes o las cabras libertarias y se empeñan en negar el hecho de que, de vez en cuando, políticos y pastores venden sus rebaños al matadero por dinero. Es evidente que provocar una estampida de pánico, informando falsa y repetidamente que las funerarias han tenido que contratar más personal y compras de ataúdes por el COVID, no puede esconder buenas intenciones. Aún más cuando el motivo es tan falso que en el Registro Nacional de Defunciones se refleja que este año morirá en España menos personas que el pasado. Aún se nos antoja más evidente la intencionalidad alevosa del Poder en esta maniobra, cuando intentan desmentir esos datos diciendo que se les habían “traspapelado” más 300.000 difuntos, a los que siguen sin incluir en el registro aún después de haberlos encontrado.

Si sumamos la predisposición de esa gran mayoría de “corderos” a presuponer cierto toda información procedente del Poder con la pérdida de capacidad racional provocada por el pánico, averiguamos fácilmente cómo han provocado esta catastrófica estampida. Cuando intentamos ahondar con una mentalidad caprina (racional y crítica) en los motivos de tan colosal fechoría pastoril, adquirimos inmediatamente el rango de “conspiranoicos” y nos elevamos a las más altas esferas de la política internacional y de las grandes corporaciones financieras que la controlan.

Ahora, los que estamos como cabras nos vemos obligados a renunciar al derecho a respirar libremente y a llevar mascarilla mientras paseamos solos por la calle, para respetar el pánico de los corderos, bajo pena de ser arrollados por una estampida de reproches y multas. Tenemos que resignarnos a renunciar a nuestros Derechos Fundamentales al grito ¡¡¡QUE VIENE EL COVID!!! ¡¡¡QUE VIENE EL COVID!!!

Pero, a diferencia de los auténticos corderos, los seres humanos estamos dotados de una capacidad racional que nos hace libres y, por tanto, RESPONSABLES de nuestras propias decisiones y actitudes. Todos tenemos la obligación de analizar razonadamente la información que nos transmiten nuestros “pastores” antes de tomar decisiones. Por encima de nuestro derecho al miedo, tenemos el deber de respetar los derechos y libertades de los otros, evitando aplastarlos en nuestra estampida de pánico. Debemos atenernos a la verdad de la ciencia y a la razón de la lógica y no eximen de culpa argumentos como: “porque lo decían los pastores” o “porque éramos mayoría en el rebaño”.

Sin embargo, los corderos exigen a todos los miembros del rebaño la misma sumisión fanática que ellos profesan al adoctrinamiento del Poder. Con la más intolerante (“tolerancia cero”) de las censuras, pretenden impedir todas las manifestaciones que contradigan la Doctrina que dictan sus pastores, por muy incongruente que resulte al intelecto. No dudan en denunciar a su vecino por no llevar mascarilla o porque, como ha visto entrar en su casa a los sobrinos ¡ya son más de seis”! A menudo llegan a adoptar actitudes criminales como la de pedir que todos seamos obligados a vacunarnos, aún en contra de nuestra voluntad, anulando nuestro sagrado derecho a decir que “¡¡¡NO ES NO!!!” En realidad, para ellos no se trata de que vayan a sufrir ningún perjuicio por nuestra rebeldía, pues al vacunarse quedarían protegidos de nuestra imprudencia, sino de castigar cualquier conducta o actitud contraria a su doctrina.

Esa mentalidad ya existía antes del COVID y se llama TOTALITARISMO. Precisamente es la misma que una gran parte de los corderos que la defienden, critican de Franco, Hitler, Musolini, Stalin o Mao Tse Tung. Al igual que aquellos, los políticos de ahora solo “mandan” porque hay una mayoría del rebaño que está dispuesta a obedecerles. En este caso, una gran masa de corderos dispuesta a permitir que se pisotee la Justicia y los Derechos, siempre que se perjudique a otros. Con tanta gente a sus pies, desde el Poder ya nos hablan de “centros de confinamiento” (antes “campos de concentración”) para cabras negacionistas y antivacunas ¿Les suena familiar? Sí, el totalitarismo ya se había apoderado en varias ocasiones de nuestra sociedad, justo antes de cada Gran Guerra. Paradójicamente, estos peligrosos corderos colaboracionistas que componen el ejército de los dictadores se consideran a sí mismos ciudadanos modélicos.

Aferrados a su miedo, sumisos al Poder, no quieren ver la verdad. No quieren ver que el COVID-19 ya existía en muestras tomadas en Barcelona y Milán varios meses antes de la epidemia de Wuhan, sin que nadie hubiera percibido un incremento en la mortalidad en el Mundo. Tampoco admiten la relación entre la OMS (que desató el pánico a nivel mundial) y las empresas que nos están fabricando su vacuna, que son precisamente las mismas que la financian. No le ven importancia a la misteriosa desaparición del comité de expertos del Gobierno, ni a los cambios repentinos de criterio al fijar las necesidades de mascarillas y confinamientos, o a que el mismísimo “prospecto” del PCR diga que no es útil para el diagnóstico clínico. Insisten en que “son muchos muertos” a pesar de estar mirando con sus propios ojos que el número de defunciones que refleja el Registro va a ser el menor de los últimos 5 años. Algunos llegan a decir que la desaparición de la Gripe (que da positiva en el PCR) se debe a esas mismas mascarillas que, sin embargo, no consiguen nada contra el COVID. Les da igual. No les importa la lógica ni la realidad. Lo que quieren es que censuren a esos locos negacionistas, los multen y los recluyan si no dejan de decir la verdad.               

Cabras unidas, rebatamos sin prejuicios ni vergüenzas a esos peligrosos corderos, medrosos y sumisos. Despertémosles de su pesadilla con el COVID y convenzámosles de apagar la tele para que comprueben que tan solo se trataba de pura fantasía, de una película de terror. Hagámosles ver que son utilizados por sus amos para aplastar la verdad con su estampida. Reprochémosles su talante dictador. Defendamos esos Derechos fundamentales por los que tanto se esforzaron nuestros antepasados y que tanto tiempo y sangre costó conseguir.

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